Pez: La libertad me acompañó

Del under queda la filosofía y la perseverancia, los recuerdos y las canciones, las entradas guardadas en cajones y la posibilidad de seguir viendo a Pez en Santana de Ramos Mejía o en algún barcito de provincia. Del under queda Ariel Sanzo guardando los discos de vinilos en sus respectivos sobres (DIY) y lo más trascendental del arte: dónde está puesto el corazón. Pero más allá de todo eso, Pez ya llegó hace rato a un lugar que le sienta mejor, a ese que merece y no justamente en términos de la meritocracia publicitaria, sino de convicción y trabajo, del guerrero que no detiene jamás su marcha.

El viernes pasado, la banda volvió al teatro Ópera para la presentación porteña de Rock Nacional, 22 años, 16 discos y varias vidas después de la edición de esa perla llamada Cabeza que tiraron al mar allá por 1994 y sólo algunos supieron encontrar. Esta vez, a la banda de Sanzo (guitarra y voz), Franco Salvador (Batería), Fósforo García (bajo) y Juan Ravioli (teclados), se sumó Miguel Pagliarulo en percusión y batería (sí, había dos baterías), quien los acompañó durante todo el show.

Con motivo del estreno, el show empezó con “Más música” y “Tan deprisa ya”, las dos primeras canciones del nuevo disco. Sin embargo, durante el resto del recital los temas de Rock Nacional se fueron intercalando con los de El manto eléctrico, Volviendo a las cavernas, Pez (el de 2010), Los Orfebres, Hoy, Folklore, El sol detrás del sol y Frágilinvencible: un recital de canciones del nuevo milenio, todas grabadas del 2000 en adelante.

En el momento Hoy de la noche (“Bettie al desierto” y “Difícil de conseguir”) subió Pablo Hadida al escenario a tocar la guitarra lap steel, quien volvería nuevamente a aportar lo suyo en “La escuelita del señor extraño” y una versión extraordinaria de “Si hay amor que nos venga a salvar”. Para “El mar de algún lugar”, Checho Marcos, amigo y asistente de escenario de la banda desde que los más viejos del lugar la conocen (“Pez es muy Checho”, diría Sanzo) se sumó con la armónica infaltable para esa melodía.

Si bien los seguidores de Pez están acostumbrados a los covers de grandes canciones del rock argentino (Manal, Pescado Rabioso, Aquelarre, Litto Nebbia y Los abuelos de la nada, entre otros) en Rock Nacional el homenaje es para Miguel Mateos con una cita de “Va por vos, para vos”: “Todos amamos a alguien, necesitamos a alguien, si le gusta el Rock’n Roll mucho mejor”. Por eso, luego de haber grabado una versión del hit ochentoso “Perdiendo el control” y resignificado la belleza de versos como “Si te dibujo sin rostro es porque amo tu interior”, el único cover que tocaron sobre el escenario del Ópera fue “Atado a un sentimiento”, obra del mismo artista.

Más allá de esta continuidad con la historia toda del rock nacional, en Pez hay una constante ruptura con su propio pasado sin renegar del mismo, a través de la metamorfosis constante. En el recital del Ópera, el repaso por gran parte de la discografía fue una clara muestra de esta búsqueda interminable, de la autenticidad artística de hacer lo que se tiene ganas de hacer, independientemente de las modas, las industrias y los tiempos. Al mejor estilo spinetteano, la banda materializa el “Mañana es mejor” en obras que escapan a sus propias fórmulas (si es que eso existe) para ser fieles a una sola cosa: el presente.

A la salida del teatro, en una ronda de cigarrillos y comentarios del show, una chica que nunca había visto a Pez en vivo dijo: “Son facilitadores de transportaciones”.

Todos los que la escucharon sonrieron, y fue por todo menos por compromiso.

 

FOTOS: Melina Aiello.

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