El día que John Lennon le hizo el juego a la derecha

Después de escuchar atentamente el tema Revolution, de Los Beatles, y de reparar en su letra, me he dado cuenta de que es altamente funcional a la derecha. Altamente.

El problema es que engaña, porque desde el título parecería que se trata de una canción de protesta, de crítica social, básicamente de REVOLUCIÓN.

Pero no. Esta vez John Lennon se pone la gorra y, en medio de los levantamientos de 1968, saca un tema que no sólo subestima los intentos revolucionarios sino que también ningunea y delira a quienes los protagonizan. Sí, entre Lennon y Lenin hay algo más que una vocal de diferencia.

En esta tercera entrega de la serie de «Análisis Marxistas de Letras de Rock», vamos a repasar algunos extractos de la letra, traducida:

«Vos decís que querés una revolución. Bueno, vos sabés…Todos queremos cambiar el mundo»
Bueno, mirá hermano, mentira. Es mentira que todos queremos cambiar el mundo. Que Bandana y Mambrú hayan llenado un Vélez con ese eslógan no quiere decir nada. Ojalá para la mayoría el mundo fuera un espacio que precisara una transformación. La realidad es que no: en general, el ser humano piensa, crece, se relaciona, fantasea y se reproduce en torno a las posibilidades que «el mundo» (o el sistema) le brinda. Lo demás es delirio, o bien, comunismo.

«Vos decís que tenés la verdadera solución. Bueno, vos sabés… ¡A todos nos encantaría ver tu plan!»
Aaah, mirá. Acá no nos conformamos con hacernos los vivos, sino que también desarticulamos cualquier intención por cambiar las cosas. En estos versos hay dos cuestiones fuertemente presentes: por un lado, la desmotivación del sujeto revolucionario y por el otro, el acento en las dificultades del asunto. Algo así como: «Dale, mirá que una cosa es hablar y otra hacer, flaco…», y como vos ya chamuyaron varios («y así les fue», habría que agregar).

«Decís que vas a cambiar la Constitución. Bien, sabés, a todos nos encantaría cambiar tu cabeza»
Ok, si lo tenés, igual tu plan es una mierda. Algo semejante a eso parece dejar entrever esta parte del tema, que piensa ineficaz un camino válido: la transformación del sistema por las vías institucionales. Quizá para que emerja un nuevo orden social, primero hay que reformar lo establecido. Qué sé yo, puede ser. Independientemente de si eso es o no pertinente, nada justifica que alguien quiera modificar la mentalidad del otro. Y no generalices. No a todos nos encantaría.

«Me decís que es la institución. Pero sabés…Deberías, mejor, liberar tu mente»
¡Claro que es la institución, pelotudo! Así pero en francés, se expresaría Michel Foucault si escuchara estos versos, y agregaría que sólo deshaciéndonos de las instituciones podremos «liberar nuestras mentes» (y nuestros cuerpos, claro). Pero no, esto es más Claudio María Domínguez, más Bernardo Stamateas. La felicidad está en tu interior, debes encontrarla. No, el sistema no te oprime si no quieres que lo haga. Y toda esa manga de pelotudeces. Señores, no, que no les vendan gato por liebre ni Goliat por Coca-Cola: sólo la revolución (o bien, pensar en que ésta puede ser posible) puede liberarnos.

«¿No sabés que va a estar todo bien?»
«Todo bien». Esas dos palabras que se repiten varias veces durante la canción funcionan como eje del mensaje despolitizador y deshistorizador que se detenta. Si todo va a estar bien, ¿para qué enroscarse? Sólo se trata de vivir, esa es la historia.

Bueno, ya. Lennon te amo, pero cuidado: está buenísimo ser un soñador pero si querés un planeta sin religiones de vez en cuando hay que quemar alguna Iglesia.