Peter Zanahoria, el cantautor oculto

Desde hace un tiempo ya que no me resulta interesante el campo que se conoce como “música de cantautor”. Diría que es un campo que, en sus claves tradicionales, ya fue hartamente explorado y transitado hasta el punto en el que pareciera ser que esas mismas claves tradicionales definen y delimitan el propio campo. Sin dejar lugar casi a la transpolación de algunos elementos constitutivos del cantautorismo hacia otros terrenos.

Esto poco le importa a Peter Zanahoria, el cantautor oculto. Personaje que debe rondar los 40 años y, si tengo que adivinar, de origen capitalino. Un porteño. Creo que de Villa Urquiza. Este tipo hace música hace bastante tiempo, y tiene (tuvo) una banda que deambuló por diversos escenarios, y que da pie al seudónimo adoptado por Pedro Zambrelli. La banda en  cuestión es Zanahoria.

Zanahoria llegó a mi mundo una noche en la que me colgué viendo un programa que tenía el canal Much Music, en el cual se le daba difusión -por medio de video clips- a bandas under. Pasaron, entre toda esa maraña de cosas intrincadas que es el under, un video de Zanahoria del tema “Chapita”. Un riff de violita súper pegadizo, un groove irresistible y una letra absolutamente metafórica llevada a cabo por una voz ultra particular.

Me sacó el sueño. Es decir, me sacó el sueño que me estaba generando el programa. Al otro día me interioricé un poco más sobre la banda. Vi que el que incluía “Chapita” era su tercer disco, y me lo devoré. Qué bueno es encontrar un disco que te produzca eso. El hecho de estar cantando los temas todo el día, y no ver la hora de llegar a una computadora para volver a poner esos temas. Ni hablar del ritual de cargarlos al dispositivo que sea para escucharlo mientras caminás o hacés cualquier otra cosa.

Después de un tiempo me interesé en los dos discos que anteceden a ese. El sonido del primer disco está íntimamente vinculado con la década de los ‘90. A mí personalmente no es un sonido que me agrade mucho. Tenía mucha distorsión, mucha fisura. Si hay algo que caracterizó a los ‘90, y sobre todo en Buenos Aires, es la fisura. La fisura de reventarse la cabeza con lo que sea ante la situación desesperante del país (que se fue acrecentando) y el hecho de pensar que no hay futuro. O si hay, pero importa muy poco como venga.

El segundo disco para mí es el mejor. Suena un cuarteto muy groovero, pero con guitarra acústica. Y ahí está lo maravilloso de Peter. En ese disco se ve el cantautor, se nota que las canciones salieron desde la guitarra acústica y de la voz. Y se nota también que Peter, si tomó alguna rama del campo del cantautor, no lo hizo pensando en las tradicionales.

Las letras, al llamarse “Casa” el disco, tienen que ver con metáforas de descripciones de sentimientos o situaciones por medio de elementos o lugares que están en la casa de cualquier persona. Peter es arriesgado, es misterioso, es novedoso. Es Peter. No hay músico ni cantautor como Peter Zanahoria. No hay artista que haya recorrido los senderos que él se decidió a recorrer. Eso es intentar liberarse de la cuestión industrial y de la popularidad, e intentar hacer arte para salvarse la vida, para hacer soportable el arduo camino que supone vivir.

Después descubrí los borradores de algunos temas de Zanahoria, que no son más que versiones “demo” de Peter tocando y cantando. Magia en forma de canciones, o de canciones que están en pleno proceso. Porque a fin de cuentas importa el proceso, importa el aprendizaje a través del tiempo en el que uno se embarca en el velero del arte. E importa no querer parecerse a nadie, o tomar herramientas que otros han utilizado para edificar cosas nuevas, y ser feliz. Estoy seguro que Peter, esté donde esté, es feliz.